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Aprender, adquirir y la hipótesis del monitor

En un artículo anterior escribí sobre la diferencia entre aprender y adquirir un idioma. La adquisición de un idioma, ya sea como lengua materna o lengua extranjera (o lengua segunda, que no es lo mismo, dicho sea de paso*), es un proceso que implica desarrollar la capacidad para comprender y producir enunciados en otro idioma. Esta capacidad nos permite operar (lingüística y socialmente) en el idioma en cuestión sin tener que reflexionar al hacer uso del código lingüístico.


La adquisición de una lengua extranjera sucede dentro de un proceso comparable a aquel de nuestra lengua materna, es decir, de una forma "natural", al estar expuestos constantemente a la lengua dentro de situaciones comunicativas (de interacción) y comprensibles. Hablar de adquisición implica inclinarnos sobre todo hacia el propio acto de comunicarse, es decir, lograr comprender lo que se dice (aunque no sea todo) y producir adecuadamente para mantener el flujo de la comunicación (dejando a un lado el hecho de cometer errores). El proceso de adquisición no depende ni de la corrección de los errores, ni del aprendizaje explícito de reglas gramaticales.


Por otro lado, el aprendizaje consciente de un idioma recae bastante en el aprendizaje explícito de reglas gramaticales y en la corrección de errores (por un tercero, frecuentemente un profesor).


Daniel Coste (1983), en su artículo del número 183 de la revista Français dans le monde, retoma el ejemplo de conducir un coche para ilustrar la diferencia entre un concepto y otro. De manera general, diremos que hemos adquirido la competencia de conducir un coche cuando ya no tenemos que pensar en el hecho estar conduciendo el coche. En otras palabras, el proceso de conducir se vuelve automático para nuestro cerebro y podemos estar platicando, escuchando música o pensando en cualquier otra cosa al momento de realizar la actividad. Sin embargo, si en algún punto cometemos una imprudencia automovilística, podemos recurrir a nuestro conocimiento declarativo de lo que es "manejar bien" y que aprendimos explícitamente cuando iniciábamos el proceso. De este modo, es realmente lo adquirido lo que construye nuestra capacidad de producción lingüística. Si no podemos hablar usando ciertas formas, es porque nuestro cerebro aún no las ha integrado. Nuestra fluidez dependerá de en dónde nos encontramos en el proceso de adquisición.


Ahora, el conocimiento lingüístico formal (de las reglas gramaticales) tiene algunas funciones. Por ejemplo, sirve para ayudarnos a modificar lo que decimos (y que ya está adquirido), ya sea antes o después de su producción. Digamos que es una especie de vigilante que está preocupado por la precisión (hablar de manera "correcta"). A este vigilante, Krashen le llama "el monitor" y se encuentra a la base de su famosa hipótesis del monitor. Podemos ilustrar esta hipótesis de manera sencilla en el diagrama siguiente:

Diagrama 1: Lo que hemos adquirido de un idioma se refleja directamente en lo que producimos. En medio de este proceso se encuentra el conocimiento formal de dicha lengua y que se activa eventualmente para ayudarnos a producir enunciados "correctos". Por otro lado, cuando el monitor está muy presente, puede perjudicar nuestra fluidez.


Existen algunas condiciones para que el monitor opere de manera óptima:


1) El usuario de la lengua debe tener tiempo. Tiempo para pensar, para corregirse, para reformular.


2) Debe estar en un periodo de producción en donde su preocupación principal es la precisión lingüística, es decir, en donde se concentra en la forma "correcta" de emitir enunciados.


3) Debe conocer las reglas que tiene que aplicar. Si no existe este conocimiento declarativo, el monitor no ve los errores (y sin embargo, podemos desarrollar la capacidad de auto-corregirnos cuando hemos adquirido un conocimiento inconsciente o una intuición gramatical).


En conclusión, adquisición y aprendizaje son dos procesos que pueden formar parte de nuestro viaje lingüístico. Pienso que hay privilegiar las actividades que favorecen la adquisición, puesto que este conocimiento inconsciente nos permite ser competentes en la lengua extranjera (aún teniendo errores) y favorecer actividades de aprendizaje conforme vamos avanzando en el camino, para pulir y perfeccionar nuestras competencias. ¿Qué opinas? Gracias por leer. Recuerda que puedes seguirme en mi Instagram para platicar de este tipo de temas.


Referencias bibliográficas:

Este artículo es una traducción y adaptación libres del artículo "Les discours naturels de la classe" de D. Coste (1983) para el número 183 de la revista Le français dans le monde (pp 16-25).

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