Sobre el input y la frecuencia

Recientemente inicié a dar clases de español como lengua extranjera a personas de varios rincones del globo. La experiencia ha sido por más enriquecedora desde muchos aspectos: he conocido personas extraordinarias, me he divertido montones, he redescubierto mi propio idioma y, gritito de emoción, he podido observar y analizar ciertos fenómenos lingüísticos que me parecen interesantes al hablar de adquisición de lenguas.


Hace poco, hacía un ejercicio sobre el género de los sustantivos con un estudiante que frecuentemente intercambiaba los artículos masculinos con palabras femeninas y viceversa. Esta situación llamó mi atención por dos cosas: la primera, es que el nivel de este estudiante era un muy sólido B1+, conseguía comunicarse sin problemas totalmente en español con estructuras generalmente correctas; la segunda, es que este tema es sujeto de estudio en las primeras semanas de aprendizaje de español, o sea, el género de los sustantivos es algo "básico", de nivel A1.1. (¡Ojo! Hablo del orden en el que se enseña este tema en un plan de estudios de ELE, porque lingüísticamente hablando, la concordancia de género y número entre artículos y sustantivos es un tema más bien complejo, lleno de sutilidades en el uso).


En fin, hay que tomar en cuenta varios factores, por ejemplo, la lengua de partida del estudiante en cuestión, la cual era el inglés. Como sabemos, en inglés no existe el género en los sustantivos y, lo que nosotros hispanohablantes diversificamos en los artículos el, la, los, las, lo, un angloparlante lo sintetiza en el artículo the (y otras variantes en el caso de lo). Hubiese cerrado el capítulo ahí peeeeero, empecé a darme cuenta de que este errorcillo lingüístico estaba presente de manera más o menos frecuente con otros de mis estudiantes. La repetición del fenómeno detonó mi curiosidad y, debo decir, que la situación sí era más frecuente en mis estudiantes angloparlantes en comparación con los francófonos, por ejemplo.


Empecé a indagar sus hábitos de estudio, la mayoría de ellos tenía un nivel entre B1 y B2 y el fenómeno en cuestión se observaba con mayor o menor frecuencia según el estudiante. Casualmente, coincidió que aquellos estudiantes que incluían la lectura de libros en español (por placer o necesidad), de manera frecuente en sus rutinas diarias presentaban menos esta situación en su discurso oral. Por otro lado, los que no leían o casi no lo hacían, tenían con mayor frecuencia este error al hablar. Estoy seguro de que debe existir investigación científica al respecto, pero por el momento, me dejo sorprender por esta casualidad observada de manera empírica.


Posterior a la entrevista de hábitos de estudio, me dediqué a diseñar unos ejercicios para trabajar los artículos y el género de los sustantivos. Al momento de realizarlos con mis estudiantes durante la sesión, otra curiosidad salió a relucir: la frecuencia. Una parte de los ejercicios consistía en escribir el femenino de los nombres propuestos, por ejemplo:


amigo ________ (amiga)

novio ________ (novia)

modelo _______ (modelo)

testigo _______ (testigo)

juez ________ (juez, jueza)

etc.


El ejercicio estaba diseñado para incluir palabras "fáciles", es decir, esas que siguen la regla del género con la o, e o consonante para el masculino y la a para el femenino, y otras palabras más rebuscadas que presentan algunas particularidades (el testigo, la testigo).


Pues bien, fue MUY evidente que las palabras como amigo y novio lograban ser feminizadas en un santiamén, no tenían ni que pensarlo para poder dar con seguridad la respuesta correcta. Sin embargo, en palabras como testigo, juez y dependiente, la mayoría de los estudiantes tuvieron que invertir ciertos segundos para reflexionar y dar una respuesta que me parecía sobre todo, un intento de adivinar.


Mi idea detrás de lo que sucedió en estas sesiones tiene que ver con la frecuencia de exposición a ciertas palabras. Las palabras como amigo y amiga, son palabras que vamos a encontrar con mayor frecuencia en cualquier conversación, libro, método, publicidad, YouTube, etcétera, por lo que estamos expuestos a ellas con cierta repetición, el cerebro interioriza mejor su estructura y cambios en el género. Sin embargo, palabras como testigo o juez, son palabras que quizás no encontramos tan presentes en conversaciones de todos los días, al menos no tanto como amigo y amiga, y nuestro cerebro no ha asimilado este aspecto de artículo + género.


Combinando las dos experiencias, me atrevo a pensar que los estudiantes que leen en español se equivocan menos en este aspecto gramatical porque ellos se exponen voluntariamente a las estructuras del idioma por medio de textos. De alguna manera, su cerebro tiene mayor oportunidades de ver, memorizar y repetir este tipo de relaciones a lo largo de una sesión de lectura. Además, en los libros siempre se utiliza un vocabulario un poco mas variado con respecto al discurso oral, por lo que es probable que hayan visto sustantivos menos frecuentes en más ocasiones.


Considero, de verdad, que leer en el idioma que estamos aprendiendo podría ser LA prioridad al momento de diseñarnos una rutina de estudios para trabajar la precisión lingüística. Muchas veces sucederá que no conozcamos la regla gramatical conscientemente y, sin embargo, seremos capaces de crear estructuras correctas. Vocabulario, comprensión, producción y precisión...me parece un buen combo de cualidades que pueden reconocérsele a la lectura en una lengua extranjera. No sé, pensaba en ello.


Gracias por leer :)